Este relato intenta mostrar lo que uno vive en la cancha antes y durante el partido. Ayer, el estadio de Banfield, Florencio Solá.

Es un tema viajar hacia el Sur. La línea Roca no es la mejor, menos si hay que viajar como sardinas. Llegando a Banfield un tipo me pregunta si el tren era via Ezeiza. Mi cara de “no tengo ni idea” le respondió.
Al llegar a Banfield supuse que estaba a unas 10 cuadras aproximadamente. Le pregunte al banderillero por la calle Arenales. ¿Vas a la cancha?, preguntó. Sí, le dije. Cuatro cuadras por Chacabuco y después cuatro a la derecha, fue su indicación y con mi mapa en la cabeza inicié la marcha.
Una cuadra antes del estadio había tres puestos de hamburguesas y choripanes en 100 metros, ¡tres!. Me dio hambre pero no eran ni las ocho de la noche. Ni que uno fuera yankee cenando tan temprano.
Esperando a mi compañero Benigni en la puerta de prensa, quedé boyando, viendo con quién conversar para pasar el rato. En eso se me acerca un señor canoso y con bigotes. Era el colega Carlos García de FM 87.9 que estaba listo para transmitir el partido. Me ofreció una acreditación que le sobraba el buen hombre. La tomé, pero igualmente al llegar Mario yo tendría la mía.
Mi colega se retira, dispuesto a ingresar a la cancha, cuando lo veo venir al Indio Arévalo, aquel defensor del equipo campeón del 95. Lo saludo y le pregunto por Méndez. “Hay que ver”, me dice. Pero que no pueda entrar al campo es algo insólito que solo ocurre en San Lorenzo piensa Oscar. Yo pienso lo mismo. Resultó macanudo el Indio.
Ya se acercaba la hora del partido cuando cae Angel Bernuncio. También saluda muy amablemente y se va a retirar su credencial por la ventanilla equivocada. Le indico cual es la correcta con la seguridad de que algún día lo recordará y me dará una nota cuando lo necesite. ¿Lo recordará?
Cuando al fin llegó Benigni ingresamos al estadio y vimos como todo el estadio ovacionó a Walter Erviti. Los de Banfield y los de San Lorenzo, todos. Pensar que en Boedo le cerraron las puertas…
Al llegar el entretiempo, con el resultado desfavorable de dos goles abajo. Nos retiramos varios periodistas partidarios a las afueras del estadio a comer un buen choripan con Fanta por solo doce pesos.
Al volver, el segundo tiempo fue más de lo mismo: un San Lorenzo perdido en el campo, dando la sensación de que si jugaban por 24 horas seguidas el equipo de Méndez no iba a hacer ni un gol. ¿Y ahora? Por lo pronto que termine rápido este campeonato y que empiece el Mundial así nos olvidamos un poco de esta malaria.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana