El hipermercado que por gracia y obra del último gobierno cívico-militar llegó a avenida La Plata reabrió con aires provocadores y busca victimizarse.

La cartelería asombra pero no intimida. Los changuitos llevan sus colores pero no incitan odio. Las rejas que invaden la vereda parecen hechas para alejar delincuentes, que no están del lado de afuera. Lo del hipermercado suena a provocación mientras esperan que le arrojen la primera piedra para desatar un conflicto que San Lorenzo no propone.
La victimización es su mejor estrategia para vencer a las reales víctimas que siempre transitaron el camino de la democracia. La historia nos marca que ellos, para llegar, sólo conocieron el sendero de los Falcon verdes, que manejaba Osvaldo Cacciatore. Ordenanzas truchas, que atentaron con la buena fe de los socios sanlorencistas, les permitieron ser el primer híper en Capital Federal.
Ya no llevan el nombre "San Lorenzo" (ahora es "Avenida La Plata") por temor a una represalia legal (la Subcomisión del Hincha los intimó judicialmente). Reabrieron en una sospechosa situación: justo en el momento que San Lorenzo jugaba ante Barracas Central por la Copa Argentina, ese partido del que tanto se habló, tanto se cambió de escenario, día y hora, que parecía postergarse hasta... la inauguración de los ocupas de la dictadura.
Raro, también, que no haya anunciado su inauguración en aquellos medios que publicitan ofertas de Lcd, heladeras y celulares y, casualmente, esos mismos diarios denostan el reclamo sanlorencista. Ese marketing feroz que acostumbran los mercenarios del siglo XX estuvo ausente.
Se ausentaron también el 25 de noviembre pasado a la segunda reunión que debían mantener con San Lorenzo y los legisladores. Lo mismo hicieron en los primeros días de diciembre, pero se excusaron de que las decisiones se toman en Francia. En la Embajada contestaron otra cosa. Los responsables de la empresa no sólo huyeron ni tuvieron el coraje de decir que no les interesaba el proyecto, sino que les mintieron a los legisladores porteños. Nadie quiso echarlos. Se los invitó a participar y ellos, angurrientos, escaparon. No sé cómo se dirá en francés, pero en Boedo eso es tener el culo sucio.
Ayer, amigos pasaron y me contaron lo que hicieron: intensificaron su propuesta comercial modernizando el predio. Todo sigue igual. Ellos compran y lo venden todo, menos el sentimiento y la lucha de los sanlorencistas.
No nos quieren dejar soñar. Cuidado, nosotros no los dejaremos dormir.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana



