San Lorenzo visitará mañana un estadio que al hincha le sienta bien. El José Amalfitani fue testigo de manifestaciones populares únicas e irrepetibles. El Ciclón no lo llenaba, lo desbordaba. Copaba todos los sectores dando fiesta sábado a sábado.
[b]BUENOS AIRES[/b]- Actualmente la televisi�n rige los destinos del f�tbol. Los dirigentes pujan para que los ingresos de la TV aumenten. Con esas migas que les da la "caja boba" quiz�s puedan darle un poco de respiro a sus empobrecidos clubes. Estad�sticamente, es menos la cantidad de p�blico que va a las canchas. Y no s�lo eso: esta empresa puede terminar apagando una pasi�n, el color de una tribuna que ahora se presenta con butacas. Antes -no hace mucho-, las instituciones aguardaban buenas campa�as de sus primeros equipos para que las boleter�as exploten y las recaudaciones (m�ximo ingreso genuino en esos tiempos) sean la salvaci�n para encarar futuros proyectos. Las populares, entre bombos, banderas largas, papelitos blancos que cada familia cortaba, expon�an el sentimiento a una divisa, a unos colores. Lo curioso, es que San Lorenzo se carecteriz� siempre por no depender de una campa�a buena para rendirle tributo a la camiseta. Y por ello la necesidad de esta nota. La hinchada del Cicl�n mostr� su apogeo cuando su club m�s lo necesit�. Con el Gas�metro de avenida La Plata clausurado a punto de ser desmantelado y jugando en la Primera B, los cuervos fueron los verdaderos protagonistas, aquellos que sacaron a San Lorenzo de las cenizas para ponerlo en el sitial de los grandes, como corresponde. Primero se intent� con Ferro. En dos fechas se dieron cuenta que el estadio de Caballito quedaba chico. Hubo que mudarse a Liniers. No hubo caso, el Amalfitani tampoco alcanz�. Lo mandaron al estadio Monumental de River, el m�s grande de la Argentina. Se llen� tambi�n. De todas formas, por comodidad y cercan�a, la cancha de V�lez fue la que, por dos a�os y medio, le abri� las puertas a San Lorenzo. Liniers fue sin�nimo de caravanas, canto y fiesta. La muchedumbe que acompa�� al club de Boedo era impresionante. Treinta, cuarenta, cincuenta mil personas. No bajaba de esa cantidad. Los clubes -sobre todo cuando jug� en la B- quer�an resignar la local�a con San Lorenzo para recaudar esos millones de pesos viejos que tanto volumen le dieron a las arcas de las diferentes instituciones, como Defensores, Atlanta o Talleres. Las familias enteras acompa�aban al Cicl�n al Amalfitani. Y hubo extra�os que se transformaron en propios. El "Fen�meno San Lorenzo" -como lo llamaron los medios en aquel entonces por la enorme cantidad de gente que lo segu�a- acapar� la atenci�n de otros hinchas, de vecinos y socios de otros clubes. Muchos, se terminaron haciendo de San Lorenzo. "Yo soy hincha de Boca y vengo todos los s�bados a ver a San Lorenzo. Si bien hay hinchadas m�s numerosas, esto es distinto. Es una fiesta este espect�culo que brinda la gente", cont� Basilio Bruno a la revista Goles del 23 de marzo de 1982. "Soy de River y me gusta el juego de San Lorenzo, pero m�s me gusta la gente que llena la cancha", dijo H�ctor Aracena al mismo medio. La marea azulgrana invadi� todos lados. Se torn� insostenible para los dirigentes de V�lez Sarsfield. El alquiler le termin� saliendo caro. Sus hinchas, socios y vecinos se hac�an de San Lorenzo. En el club de Liniers los chicos caminaban con la camiseta del Cicl�n. Y los cuervos se dieron cuenta de eso: "[i]Se�or Petracca ya no hay soluci�n, los hinchas de V�lez ya son del Cicl�n[/i]", le cantaban desde la popular al entonces presidente velezano quien, en 1984, decidi� no alquilarle m�s la cancha al club de Boedo. Por ello, en ese a�o, el San Lorenzo de Higuain, Hrabina, Insua, Giunta, Madel�n, Rinaldi y Perazzo, entre otros, tuvo que mudarse a la cancha de Altanta, para comenzar el torneo Nacional con Temperley, Gimnasia de Mendoza y Uni�n del Chaco. S�lo con los grandes se le permiti� jugar en V�lez. Ma�ana se volver� a Liniers. El contexto ser� otro. Por problemas que los dirigentes no supieron resolver y la bendita televisi�n, s�lo se venden 4.000 populares a una hinchada que es la tercera hist�rica en venta de entradas. San Lorenzo no llenaba el Amalfitani, lo desbordaba. [b]Nota:[/b] Rom�n Perroni [email protected]
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana