Los estadounidenses se fueron feliz de la Ciudad Deportiva. Tras el partido, fueron agasajados en la concentración del fútbol profesional, comieron un asado y se deslumbraron con el Bidegain.

Los chicos seguro que jamás lo olvidarán. Los de acá y los de allá. Para todos ellos, haber jugado un partido de básquetbol es moneda corriente, pero poder disfrutar de un lugar excepcional como es la concentración del fútbol profesional es algo más que la frutilla del postre.
La delegación universitaria del Northwestern Collage quedó impresionada. Luego de mostrar su talento en el salón San Martín, caminó hacia el estadio Pedro Bidegain junto al plantel azulgrana, en medio de forzados diálogos y gestos que, ante cualquier duda, eran despejados por los dos traductores presentes.
El ingreso a la cancha fue por debajo de la Platea Sur. Ahí mismo, ante la mole en silencio (algo poco usual en San Lorenzo) que parecía mansa y tranquila en una noche sin fútbol, los yankees abrieron los ojos y arrancaron: “¡Soccer!”. Fue una catarata de preguntas que sólo reflejaba su grata sorpresa por estar ahí.
Querían saber cómo era el estadio (de hecho algunos se colaron hacia la tribuna y conocieron el foco de dónde surgen las canciones más originales del fútbol argentino), tenían ganas de ver un partido, consultaron por el sueldo de los “professional players” y se sintieron a gusto con los colores que ni la noche opacaba.
“Ni River ni Boca”, tiró un cuervo hacia algunos de los estadounidenses que se apoyaba en la reja del Bidegain. “Huracán tampoco”, tiró otro. Claro, nadie entendió qué era esto último. Ni con el traductor se pudieron sacar la duda los chicos de Minnesota.
Después llegó la sorpresa conjunta, la que también incluía a los de Boedo. La concentración del fútbol profesional ya estaba lista para recibir a ambas delegaciones. La atención, la comida, el calor humano en una noche espectacular y la posterior recorrida por el predio, sólo sirve para deducir que San Lorenzo cuenta con un espacio espectacular, y que es una picardía que no se esté usando en los últimos años.
Tras el asado, y la riquísima torta que hizo Luli Solé, la jugadora del primer equipo de hockey sobre césped, todos fueron a pasear por la concentración. Los jugadores de San Lorenzo, que no conocían el lugar, tenían una sonrisa que Colgate querría para sus comerciales. Por su parte, los norteamericanos, destacaron todo y se fotografiaron con cuadros de los equipos campeones.
“Más allá del partido, para nosotros esto es una experiencia impresionante. Les quiero agradecer a las autoridades. A Héctor Viesca y Gabriel Sodano que nos apoyaron para poder pasar este grato momento con ustedes”, destacó el entrenador del Ciclón, Guido Naipauer, quien le entregó a su par estadounidense una camiseta de básquetbol oficial de San Lorenzo.
Seguramente, la experiencia, puede marcar un antes y un después. El agasajo que realizó el básquetbol de San Lorenzo fue notable, y sin dudas que este tipo de eventos se puede trasladar para otras disciplinas, quedando demostrado que el club cuenta con unas instalaciones de primer nivel.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana