En la primera Libertadores, en 1960, San Lorenzo minimizó la competencia y le regaló la localía a Peñarol, quien luego fue el campeón. En el 96, los santos le dieron una histórica paliza en el Centenario: 5 a 1.

Fundado un 28 de septiembre de 1891 por obreros y empleados del Central Uruguay Railway Company, Peñarol de Montevideo engendró una rica historia que hoy celebrará junto con San Lorenzo, un rival deportivo con el que tuvo un par de enfrentamientos que hoy valen la pena destacar.
El más recordado es el cruce en las Semifinales de la Copa Libertadores de 1960, la primera edición del torneo continental más prestigioso. El Ciclón venía de superar en Cuartos a Bahía de Brasil, mientras que el Carbonero hizo lo propio con Jorge Wilstermann de Bolivia.
En Boedo, José Sanfilippo se destacaba a base de goles. Lo mismo hacía para los uruguayos el ecuatoriano Alberto Spencer. La serie prometía y mucho. Se decía que de esa llave saldría el futuro campeón de la Copa. No se equivocaron. Los que se equivocaron fueron los dirigentes santos, encabezados por el presidente Alfredo Bove.
El primer partido, en Montevideo, San Lorenzo rescató un empate 1 a 1 tras ir en desventaja. La revancha, jugada en cancha de Huracán, también fue parda, pero sin goles. Había que jugar un partido en cancha neutral para definir al finalista. Chile o Paraguay eran plazas posibles. Pero el destino estuvo otra vez cruzando el Río de la Plata.
El presidente de Peñarol, Washington Cataldi, tuvo más visión que los de San Lorenzo. Ofreció el dinero de la recaudación a cambio de que el match decisivo se juegue nuevamente en el Centenario. El 29 de mayo de 1960 el Carbonero se impuso 2 a 1 ante 45.000 almas uruguayas. Los charrúas, finalmente, fueron campeones al vencer a Olimpia de Paraguay en la final.
La recompensa que recibieron los popes azulgranas se convirtió en la deuda más grande que hoy tiene el Ciclón, que en las 50 ediciones posteriores, jamás logró alzar la Libertadores. Un castigo divino por el desprecio a esa Copa que sí era de beber.
Otro encuentro, con un final más feliz, también se dio en la misma competencia, pero 36 años después. En 1996, por los Octavos de Final, San Lorenzo recibió en el Pedro Bidegain, cuando era verdaderamente nuevo (no tenía ni dos años de vida). En la ida el Ciclón se impuso 3 a 2 y dejaba la intriga para el desquite.
En el Centenario, los dirigidos por Héctor Rodolfo Veira, concretaron una histórica goleada. Contundente triunfo por 5 a 1 para alcanzar los Cuartos de Final. Por Copa Libertadores, en ese estadio, Peñarol jamás había sufrido una paliza como tal.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana



