El 2 de diciembre de 1979, San Lorenzo y Boca empataron 0 a 0 y, sin saberlo, jugaron el último partido en el estadio de avenida La Plata, pero los hinchas mantienen la esperanza de volver.
A los hinchas que abandonaron el Gasómetro el 2 de diciembre de 1979 jamás se les habría ocurrido que esa era la última jornada futbolística en avenida La Plata. Es que las puertas del Wembley porteño se cerraron sin previo aviso, y fiel a esos tiempos, las autoridades municipales con la complicidad interna, hicieron desaparecer un ícono popular que, treinta años después, mantiene la herida abierta.
Aquella tarde de domingo, gris y deslucida, fue un presagio del destino. San Lorenzo se despidió definitivamente de su casa, de esos tablones que en el sentir de los hinchas todavía se mueven, escuchando el aliento que transformó en pleno Boedo a la hinchada del Ciclón como la más creativa e ingeniosa del mundo.
El Gasómetro, cuna de Gauchos, Carasucias y Matadores. Equipos emblema para el fútbol argentino, que supieron lucir la azulgrana con las mejores expresiones futbolísticas que la historia nos puede contar, como aquella que narran nuestros abuelos cuando nos hablan de Farro, Pontoni y Martino, por nombrar tan solo tres de los cientos de cracks que deleitaron a los hinchas en el mítico estadio de Boedo.
El partido final en avenida La Plata al 1700 lo sostuvieron San Lorenzo y Boca, que correspondía a la fecha 14 del torneo Nacional. Fue 0 a 0 y el local tuvo una inmejorable oportunidad para ganar, pero Hugo Coscia no pudo con Hugo Gatti, quien le atajó un penal en la primera etapa (ver video). Con este resultado, ambos equipos quedaron afuera de la siguiente ronda del torneo.
El técnico de San Lorenzo fue Carlos Salvador Bilardo, y el de Boca, un hombre de la casa, campeón con el Ciclón: Juan Carlos Lorenzo. Estos fueron los futbolistas que pasaron a la inmortalidad por ser los últimos en vestir la azulgrana en el Viejo Gasómetro: Corbo; Pellegrini Ruiz, Pena, Gette y Schamberger; Collavini, O. Rinaldi (Mancinelli), Insua (Rodas) y Coscia; Marchetti y Rizzi. En el xeneize jugaron: Gatti; Pernía, Sá, Mouzo y Bordón; Rocha, Alves, Randazzo y Mastrángelo; Salguero y Carrazana.
Fue tal la ignorancia acerca del cierre del estadio que la revista El Gráfico ni siquiera publicó una fotografía del partido, y sólo informó una mínima síntesis de cómo se había desarrollado este pobre clásico. “Si la noticia era que el Gasómetro se había cerrado para siempre, imaginate, iba a ser tapa de la revista”, comentó Carlos Ferreira, periodista que cubrió el encuentro para este semanario deportivo, según contó en el libro “Memorias del Viejo Gasómetro”, de Enrique Escande.
San Lorenzo, a partir del año siguiente, comenzó con su etapa de peregrinación. El Gasómetro siguió firme pero con el cartel de clausurado. Las diferentes disciplinas deportivas y culturales se siguieron desarrollando, pero el fútbol no volvió a jugarse más en avenida La Plata. Previo al campeonato de Primera B, cuando el Ciclón tuvo que afrontarlo en 1982, se estudió la posibilidad de refaccionar el estadio, reabrirlo para que San Lorenzo vuelva a jugar ahí. Pero nada de ello ocurrió. La vendetta estaba a la vuelta de la esquina.
Después del pésimo gobierno de Moisés Annan, que fogoneó la partida de avenida La Plata, llegó otro igual o peor, el de Héctor Habib. El empresario de la firma Mercedes Benz desperdició toda la historia del Gasómetro en tan solo 24 meses. Fue el presidente que remató por una módica suma las instalaciones de San Lorenzo, incluido su estadio. En 1984 se comenzó con la demolición y sus hierros desaparecieron, pero no así su corazón.
Treinta años después, a pesar de los considerables sucesos posteriores, como la construcción del Pedro Bidegain, los sanlorencistas siguen identificados con el barrio y pregonan al Gasómetro como su casa, a la que buscar recuperar para tener nuevamente el estadio ahí, en avenida La Plata al 1700.
“Dicen los viejos hinchas de los Gauchos de Boedo que viven por el contorno, que a veces, en las noches de luna, parece escucharse un rumor de multitud, como si fuera que los fantasmas que por allí andan vagando aclamaron alguno de aquellos maravillosos goles de Rinaldo Martino… aquellos goles que, en cosa de fútbol, fueron lo más cercano a una obra de arte”, Diego Lucero.
Marcelo Buontempo
Redacción Mundo Azulgrana